












INVERNADERO DE INTERIOR
Muchas obras, acciones o piezas de carácter urbano pueden perder su intensidad por situarse en contexto inadecuado, desvinculado a su propósito. Tal vez una obra como esta, que posee vida, no es capaz de sobrevivir en un entorno foráneo, donde es incierto su desarrollo. El jardín de invierno es una planta que solo puede ser cultivada en su hábitat natural, las tramas de ventilación del metro. Por lo tanto, trasladarlo a un espacio interior requiere la representación de un ambiente artificial, reproduciendo las condiciones urbanas necesarias.
De este modo se procede al transplante minucioso del jardín de invierno a un invernadero de interior. Se trata de una burbuja capaz de albergar sustratos de sucesos urbanos de manera artificial: microclima urbano, acciones dinámicas, cambios de estado...
Se construirá un entorno con una rejilla especialmente diseñada para interior, que permitirá el rápido enraizamiento de la planta. Un sofisticado sistema de ventilación será capaz de conseguir la climatización del pequeño espacio, dotándolo de una ventolera calida, capaz de hacer que el jardín cobre vida. Ya que las condiciones del entorno son manipulables, el invernadero procederá a dosificar los nutrientes vitales por intervalos, con lo que será capaz de recrear la acción del crecimiento. Y por lo tanto, mostrar al espectador de manera arficiosa, ese asombroso acontecimiento de la naturaleza urbana en un espacio expositivo.
morula collective: Alejandro Londoño, Álvaro Aparicio, Carlos García, Diego Blasco, Diego de las Heras, Gonzalo del Val, Gustavo Pérez, Iker López, Iñigo Machimbarrena
links: ddi





Un organismo de consumo energético mínimo. Los requerimientos sostenibles son también un lei motiv de la arquitectura de la propuesta. Más que una gran mecanización o una identificación absoluta entre sostenibilidad y bioclimatismo proponemos entender los requerimientos sostenibles como la necesidad de encontrar mejores sistemas organizativos. Así lo que ponemos en cuestión no es el origen de la energía a consumir sino la verdadera necesidad de consumirla. Frente a las propuestas que se consideran verdes por usar energías renovables proponemos una arquitectura de bajo consumo que minimiza los recursos climatizando de forma muy específica y singular solo aquello que es estrictamente necesario. Como luego explicaremos, constituimos un barrido de diferentes tipos de puestos que recuperan la tradición de las plazas abiertas, los mercadillos, las mantas, las cestas, los carromatos de venta ambulante…
mórula collective: Alejandro Londoño, Álvaro Aparicio, Carlos García, Diego Blasco, Gustavo Pérez, Iker López



Lo aparentemente residual, como fuera la ventilación del metro, pertenece a esta categoría de vacíos urbanos. Constituye -sin saberlo- un paisaje invisible, pero paradójicamente colmado de cotidianidad, generador de acciones y fenómenos dinámicos: Marilyn juega a sujetarse la falda sobre una de estas rejillas, el niño se asombra con el chorro de aire invisible... Para muchos podría ser un espacio desaprovechado e inquietante, pero no todos ven esto como un espacio residual. Vagabundos y prostitutas se resguardan del frío en el tibio calor que se desprende, guarecidos en este microclima urbano y secreto.
Es en este sustrato de sucesos urbanos, donde empezará a germinar la acción. Cientos de papelitos crecen en la trama metálica, alimentándose del calor y el aire que emana. Esta delicada planta, adaptada a desarrollarse en este ambiente hostil, crea un manto verde dotado de vida. Pero es temporal, pues, cuando la rejilla de ventilación ha dejado de emitir los nutrientes vitales -aire, calor-, el jardín se desvanece; se ve desprovisto de vida.
Es aquí donde se realiza la acción: caminar por la rejilla cuando la ventilación se ponga en marcha y sentir, en la superficie, la ventolera cálida que azota el jardín, cobrando de nuevo vida. El ciudadano asiste así a un asombroso acontecimiento de la naturaleza urbana.
morula collective: Alejandro Londoño, Diego Blasco, Gonzalo del Val






PARA TODOS LOS PÚBLICOS. Queremos un museo accesible, comprensible y atractivo para todas las edades y procedencias socioculturales. Un espacio que se vive como una experiencia de participación en la que cualquier ciudadano pone a prueba sus herramientas cognitivas compartidas y disfruta de este episodio museístico, como si jugase a un juego, practicase un deporte o visitase un centro de ocio. Creemos que el éxito de este Museo, como “Escuela de Prevención” pasa por captar un número importante de visitantes al año y por enrolarlos en proceso perceptivo que resulte memorizable e intenso. Para todo ello queremos apoyarnos en la propia naturaleza del fuego como fenómeno. Éste proporciona posibilidades especialmente intensas en términos de estimulación sensorial y generación de escenas biográficamente memorables.
EN CONSTRUCCIÓN. Defendemos la arquitectura nunca debe entenderse como un objeto acabado. Después de la reciente intervención en el Convento de Mínimos de la Victoria, la edificación histórica ha cobrado una nueva vida y se ha habilitado para ella un nuevo destino “respetando la estructura original y ensalzando los restos conservados”. La intervención museológica objeto de la presente propuesta, de nuevo, se entiende como una capa posada o superpuesta sobre los espacios existentes. Dicha adición pretende ser extraordinariamente respetuosa con el espacio original y con su rehabilitación y configurar una guía para su visita en una relación que prima la transparencia. Nuestros espacios son concebidos como entornos que permiten la interacción, la redefinición y el cambio constante. La arquitectura se dispone como un andamio para la experiencia y el uso con un gusto por una construcción desnuda, sin recubrimientos ni acabados que la oculten y que permite entender en su rotundidad la técnica que le confiere presencia y utilidad
DE LA PINACOTECA AL SPA. Así pues, estas dos máximas de acercar el museo a una experiencia recreativa y perceptivamente vigorosa y de entender el entorno construido como un proceso en construcción y modificación constante, nos permitirían afirmar que necesitamos trasformar la institución museística en algo a medio camino entre la Pinacoteca del XVIII y un Spa. Es decir, necesitamos trasmitir un corpus de conocimiento legible y relevante y, a la vez, estimular el cuerpo completo del espectador para que los mensajes se incorporen a través de sus cinco sentidos y resulten una experiencia memorable. La arquitectura de nuestra propuesta museológica es al rehabilitado Convento de Mínimos de la Victoria lo que el agua es al Spa. Se organiza como un fluido continuo y recorrible que ordena las experiencias perceptivas garantizando una estimulación máxima. Este fluido envuelve a cada una de las piezas expuestas construyendo un ambiente sensorial a su alrededor. En este entorno, las piezas de esa “colección permanente del museo que está integrada por piezas muy heterogéneas” dejan de ser piezas solo esmeradamente coleccionadas para recobrar su vida y su sentido funcional. La intervención, por tanto, pretende rodear a cada pieza de una reconstrucción de la actividad que habitualmente la rodearía en acción e imbuir al observador mediante su enrolamiento sensorial en esa acción.